Anécdotas Hípicas Venezolanas presenta

María Blanca

(Ven, 1962, Hylander en Marie Blanche por Cranach)

Por Juan Macedo

 

Nacida y criada en el Haras La Parcela, María Blanca, con los colores azul y amarillo de su criador Luis Cabrera Umérez a través del Stud La Parcela, debutó el 6 de mayo de 1964 corno potranca de 2 años y con Manuel Camacaro de jine­te y a pesar de ese debut auspicioso, donde derrotó por cuerpo y medio a Gradinita, no impresionó mucho, como no fuera a su criador y propietario, Luis Cabrera Umérez quien, por razones obvias, estaba en conocimiento del valor pistero de la hija de Hylander. Pero es probable que hasta el propio Cabrera Umérez y su entrenador Leopoldo Márquez (quien atendió a la zaina en las principales fases de su campaña) hayan sufrido alguna decepción luego que vieron ganar a la potranca en 34"2 para 600 metros, pues lo que siguió después a ese triunfo no era para hacerse muchas ilusiones.

 

Un mes después perdió quinta a dos cuerpos y medio de Azuquita, en 46"1, para 800 metros. A esa derrota siguieron otras cuatro más sin demostrar el verdadero potencial que tenía, pero el 5 de septiembre figura segunda a pescuezo de Mes de Enero en el kilómetro de la Copa Edgar Ganteaume sirve para a ilusionar a su propietario

 

Pero el 29 de septiembre, cuando María Blanca dispu­taba su sexta carrera de ese año, fue protagonista de un es­pectacular accidente cuyas con­secuencias pudieron ser graves. Conducida por su jinete habi­tual Manuel Camacaro, María Blanca avanzaba por dentro con­tra la posición de Fridita, cuan­do se enredó en los remos traseros de Marimba y rodó aparato­samente, en ese momento avanzaba igualmente Noblessa, con Carlos Pérez de jinete y al tropezar con María Blanca, también rodó, pro­vocando la caída de Queen Time que, con la monta del desapare­cido Juan E. Cruz, corría en pos de las dos primeras.

 

"Fue un momento de general angustia -reseñaba la revista Gaceta Hípica de la fecha- En el codo de los 600 quedaba el cuadro pa­tético de tres jinetes en la pista, mientras las potrancas Maria Blanca y Queen Time se levan­taban; no así Noblessa, que debió ser sacrificada". La misma nota de prensa agre­ga: "Mientras en las tribunas se pensaba lo peor, Juan Eduardo Cruz lograba ponerse de pies por sus propios medios. Había salido bien librado del percance; Ma­nuel Camacaro y Carlos Pérez continuaban privados del sentido y debieron ser trasladados con urgencia al Servicio Médico don­de les apreciaron a ambos con moción cerebral, contusiones fuer­tes generalizadas y fractura del tercio medio de la clavícula iz­quierda". La nota no aclara si los dos jinetes sufrieron idénticas lesio­nes, lo cierto es que, debido a ese accidente, María Blanca va no volvió a ser conducida ese año por Manuel Camacaro. Al regresar María Blanca a la veterinaria presentó Epistaxis bilateral y traumatismos generalizados.

Recuperándose rápidamente, reaparece el 11 de octubre con Rafael David Guzmán en los seis furlones el Clásico Ciudad de Caracas ocupando apenas el octavo puesto a diez cuerpos de Fridita, luego figura segunda a 1 ¼ cuerpos de Blackie en el lote común para culminar su campaña de ese año el 15 de noviembre en los 1400 metros de la Polla de Criadores para Potrancas donde en sólida atropellada ocupa el segundo lugar a 2 ¾ cuerpos de Mes de Enero. El resumen de esa temporada deja un saldo negativo, a pesar de las figuraciones en carreras de importancia.

 

La evolución física -dicen los teóricos- transforma a los caba­llos (y a las yeguas también, agregamos aquí). Y eso es lo que suponemos que sucedió con Ma­ría Blanca, que a los 3 años de edad, en 1965, era otra. Más fuer­te y mejor desarrollada y para dolor de cabeza de los propieta­rios de otros ejemplares. Incluso importados, más veloz y resis­tente.

 

Pero ello no lo iba a demos­trar de entrada en la temporada, pues luego de una inscripción para el 3 de enero de 1965, de la que fue retirada, reapareció el 17 del mismo mes y arribó tercera a 2 cuer­pos y medio de La China, que le ganó en 75"4, para 1200 me­tros. Manuel Camacaro reaparecía con la potra en esa carrera y no la pudo hacer ganar. Fue inscrita el 26 de enero para correr en la Copa Celestino Martínez, pero fue retirada por haber sido operada del ojo izquierdo por el Dr. Alejandro Méndez, reputado oftalmólogo venezolano.

 

A partir de su siguiente salida a la pista, el 7 de marzo, María Blanca (que comenzó a correr con una gríngola especial que tiene un anteojo con el cual se le cubre toda la superficie del ojo izquierdo) volvió a las manos de Rafael D. Guzmán, quien había sustituido a Camacaro, des­pués del accidente de éste. La tresañera fue cotizada como pri­mera favorita en una carrera de 1300 metros y la ganó de punta a punta, con marca de 81", Upata quedó segunda a diez cuerpos. Una semana después volvió a marcar 81" para ganar nuevamente en 1300, ahora con 15 largos sobre Canela.

 

El 5 de abril participa con Rafael David Guzmán en el Clásico Hipódromo La Rinco­nada, y sin verse jamás en problemas a lo largo de los 1600 metros, la zaina logró ganar el Clásico por más de 15 cuerpos sobre Azuquita. Fue una impresionante demostración de clase que la define como la mejor tres años de su generación, porque no sólo se imponía con tal facilidad, sino que además empleaba 103"1 para la milla que resultó una gran marca si la cotejamos con las que se vienen empleando últimamente. De esta manera María Blanca emulaba la hazaña de su padre Hylander, que en 1951, cuando este mismo Clásico se corría bajo la denominación de Copa Asociación Hípica Venezolana, lo ganaba holgadamente sobre Southern Eve y Londres que fueron los únicos que le salieron al paso.

 

Al fin, María Blanca respon­día a su origen y a las expectativas generadas. Dos semanas después derrota por 7 cuerpos al veloz Metrallazo, agenciando 102”4 para la milla. A continuación el 9 de mayo fue contra los machos en la milla del Clásico José Antonio Páez, primero de la Triple Corona Nacional, y después de dejar a Metrallazo hacer el gasto de la carrera, pero a mitad de carrera lo desplazó con cierta facilidad y estiró sus largas brazadas apenas R. D. Guzmán la llamó a correr, respondiendo con elegante estilo, apagando las esperanzas de quienes confiaban en los otros y arrasando con Conoto al derrotarlo por margen de 10 cuerpos y tiem­po de 102"3.

 

Una gran yegua -decían algu­nos- La mejor -señalaban otros-, mientras que el 7 de junio María Blanca barría con Blackie con ventaja terminante de 5 cuerpos en 114" para 1800 metros en el Clásico Prensa, Radio y. Televisión, rectificando que no tenía enemigas a la vista, ni siquiera por el hecho de haber venido dominada hasta promediar los últimos 400 metros de la carrera, circunstancia que explicaba su jinete R. D. Guzmán con estas palabras: "Venía negada al comienzo. No encuentro a qué atribuirle ese poco rendimiento inicial; sin embargo -sentenció- desde los 700 metros sabía que ganaba por todo lo que quisiera".

 

Tres semanas después se volvió a encontrar con Blackie en la Copa Pedro A. Salas y nuevamente la humilló esta vez por 7 cuerpos y en 86"3 para 1400 metros. Para cerrar su cadena de triun­fos consecutivos, María Blanca apabulló a los machos en carrera de 1700 metros. Allí aventajó a Mandarín por diferencia de 13 cuerpos y empleó 107"3. Era el 11 de julio y la yegua pa­recía imbatible. No se veía cerca una posible derrota. Tenía en su haber nada menos que una de las tres gemas de la Triple Corona y otros dos clásicos. Era lo que todo el mundo pensaba: una gran yegua.

 

El 1 de agosto María Blanca, siempre con Rafael David Guz­mán de jinete y seleccionada co­mo primera favorita, asistió al Clásico Fuerzas Armadas de Coo­peración, donde iba a enfrentar nuevamente a Blackie -entre otros- sobre una distancia que le era familiar: 1800 metros. Nadie podía pensar en un descalabro, aunque por primera vez la yegua llevaba un "handicap pavoso": no valía para el juego a Placé. Pero María Blanca falló y Blackie ganó por 5 cuerpos sobre Taki. La favorita quedaba quin­ta a siete cuerpos, luego de haber estado adelante, pero acosada siempre por Blackie, que no le dejó tomar vuelo.

 

Los estrategas de María Blanca no creyeron en la pava y prefi­rieron cambiar de jinete, de mo­do que la yegua pasó a las manos de J. E. Cruz, con quien 21 días más tarde disputaba el Clásico Ministerio de Agricultura y Cría, segundo de la Triple Corona. Pero estaba visto que si no era la pava, tampoco era el jinete. Más bien parecía un cansancio natural. Lo cierto es que perdió a 8 cuerpos de Blackie, que aho­ra estaba tomando desquite.

 

Luego de su fracaso en el Clá­sico Ministerio de Agricultura y Cría, María Blanca permaneció en reposo por un mes y reapare­ció en el Clásico República de Venezue­la, tercer peldaño de la Triple Corona, gema que salió a buscar con la monta de su jinete R. D. Guzmán. Pero el asunto no fun­cionó tampoco aquí y María Blan­ca quedó sexta a 13 cuerpos de Cono­to.

 

La hija de Hylander participó en el Clásico Cría Nacional en distancia de 2400 metros, donde los pupilos de Don Millard Ziadie, El Guillo y Conoto lograron conseguir el 1º y 2º puestos respectivamente, relegando al tercero a nuestra noble corredora. En octubre tuvo una buena reacción al ganarle a Saint Cloud en 1700 metros, pero 14 días después de ese triunfo, caía a 21 cuerpos de Halado, en carrera de 1800 metros. El año 1965 lo cerró con 3 de­rrotas más e incluso sufrió un distanciamiento del segundo al tercer lugar a 1 ½ cuerpos de la argentina Cuadra Ocho en el Clásico Fuerzas Aéreas que disputó el 5 de diciembre.

 

A pesar de las 4 derrotas con las que cerró el año 1965, María Blanca, entonces corno yegua de 4 años, inició campaña en enero de 1966 disputando la Copa Carlos Zu­loaga, pero siguió en picada, pues perdió esa carrera a 9 cuerpos de Yasta, una chilena del Stud Amistad, que ganó en 115"3, para 1800 metros. Dos semanas más tarde fue a los dos kilómetros del Clásico José María Vargas, entonces con­ducida por J. H. Briceño. Resultado: un nuevo fracaso. Ganó Prófugo y Maria Blanca entró quinta a 8 cuerpos.

 

En la tarde del 19 de abril, Ma­ría Blanca fracasó como primera favorita en la carrera siguiente al clásico. Y falló la otra sema­na, aunque esta vez entró segun­da, sólo que la ganadora resultó Blackie. Ya en mayo saboreó un nuevo triunfo, nada menos que en la 6a válida para el 5 y 6. Entusiasmados por esa victo­ria conquistada con margen de 6 cuerpos y en 114"2, para 1800 metros, su gente la llevó a la Copa Mathieu Valery. Era la única criolla en el lote de 14 parti­cipantes y arribó quinta a 15 cuerpos de la uruguaya Lujosa. Volvió a enfrentar al lote de importados, como la única nacional entre 14 aspirantes y ganó.

 

De todas maneras esa carrera justificó su participa­ción, a la siguiente semana, el 19 de junio en el Clásico Día del Ejército. En esta carrera esa carrera en milla, Maria Blanca demostró que fue un ejemplar que definitivamente tenía clase. Siendo su característica de correr en velocidad, el jinete Rafael David Guzmán no apuró mucho a Maria Blanca,  la colocó tercera en pos de Lucky Morning que salió ambiciosamente a comandar el lote escoltada por Mildred, al entrar en la recta de las Tribunas, la carrera se concreta al enérgico avance de la criolla y a la resistencia que le opone Lucky Morning, la cual sintió el rigor de la distancia y cuando faltaban 100 metros la victoria de Maria Blanca estaba decretada, sacando hasta tres cuerpos de ventaja y así cruzó el poste de llegada sobre Lucky Morning, logrando así la victoria consagratoria de su campaña, además de anotarse en el libro de los records como el primer purasangre criollo en derrotar a los importados en prueba clásica alguna.

 

Con la pretensión de yegua clá­sica se despidió María Blanca de las pistas y de todo espacio físi­co. Corrió el Clásico Día de la Marina de Guerra y Mer­cante, donde arribó sexta a nueve cuerpos de Guillotina. Luego fra­casó en el Clásico Fuerzas Armadas de Cooperación, posterior a lo cual pasó de las manos de Leopoldo Márquez a las de Vittorio Cata­nese. Pero el desgaste de la ye­gua era definitivo. Corrió dos ve­ces más, en septiembre de 1966, y arribó 8º y 13º, respectiva­mente.

 

Todo estaba terminado para la heroína del hipismo venezolano que había burlado varias veces la supuesta hegemonía del importa­do, derrotando tanto a los ma­chos como a las hembras en di­ferentes competencias. Pero el destino tenía otros planes para María Blanca y lamentablemente murió el 26 de octubre de 1966 víctima de una feroz infosura y no pudo ser salvada para la cría.

 

Fuentes: Revista Gaceta Hípica, Sr. Armando Pacheco Martínez, Sr. Antonio Aragonés.

 

Anécdotas Hípicas Venezolanas, jueves 11 de octubre de 2007

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