Anécdotas Hípicas Venezolanas presenta

Rubén Lanz

Por Gabriel N. Ramos

 

El entrenador de purasangres de carreras Rubén Antonio Lanz Lovera ha demostrado ser un hombre de coraje, de gran dedicación a su vida profesional. Nacido el 6 de octubre de 1959 en San Juan de los Morros, estado Guárico, hijo de Rubén Antonio Lanz Rodríguez y Doña Carmen María Lovera, de cuya unión nacieron Marisela y él, que es el segundo. Casado con Leizy Fermín y sin hijos, pertenece al signo Libra en el zodíaco, lo que indica que posee un temperamento equilibrado.  

 

Como buen llanero siempre le gustó el campo, la finca, los animales, en especial los caballos. Recuerda que cuando pequeño solía practicar el coleo con algunos amigos. Más adelante empezó a ver las carreras hípicas por televisión y se hizo fanático del jinete Balsamino Moreira. Era su ídolo

 

Estuvo a punto de firmar con los Leones del Caracas, pero sus deseos de convertirse en veterinario lo llevaron a abandonar ese sueño. Eran los tiempos de Ubaldo Heredia y el "Loco" Torres. Lo que no sabía es que después de muchos años llegaría a ser entrenador de caballos pura sangres de carreras, ya que su pasión siempre habían sido los equinos.

 

De la mano de su cuñado Pedro Sosa y del desaparecido ex jinete Hernán Marchena, hermano de mi cuñado, en 1978, Rubén Lanz comenzó a meterse de lleno en las lides hípicas y entró al Hipódromo La Rinconada. Una vez que su deseo era el de convertirse en preparador, trabajó tres meses como aprendiz en la cuadra de Euclides Villalobos, luego de lo cual, a través de un primo suyo llamado Pedro Lanz, pasó al establo de Giovanni Contini.

 

Duró cinco años como aprendiz, conociendo los secretos de la profesión, y se graduó en 1984 en la Promoción Rufos John, de la cual también egresaron Carlos Morales, Yanir Hurtado, Armando López García, Mauro Bellardi, Paolo Celauro y Gerardo Aguilera, entre otros. “Recuerdo que éramos un grupo bastante unido e incluso llegué a compartir un apartamento con ocho de mis colegas porque no teníamos donde vivir”.

 

Ya con su matrícula de entrenador, Rubén Lanz tenía que hacer una pasantía en el Hipódromo de Valencia como requisito indispensable. Se llegó a hablar que recibiría 60 caballos para comenzar pero todo era una ilusión. Solo dos ejemplares: uno era Annastefi del Sr. Annunzio Stancheri y otro del Stud Lobatera. Logró su primera victoria debutando con la yegua Annastefi, con la monta de Pedro Yánez en el año 1985, fue cuando transmitieron por primera vez las carreras en Valencia por televisión. De ahí en adelante comenzaron a llegarle caballos procedentes de La Rinconada y la flota iba aumentando.

 

Contó Ruben Lanz: “Una vez, en el año 85, llevábamos todos los caballos en las carreras válidas para el 5y6. Confeccionamos el cuadrito en la mañana entre Carlos Morales, Mauro Bellardi, Paolo Celauro y Yanir Hurtado. En la tarde, cumplimos la acostumbrada siesta. Luego, pendiente de los ejemplares y fuimos a las pruebas. Ganamos todas y al final, olvidamos sellar el cuadrito. Los formularios con seis pagaron 480 mil bolívares”.

 

Otra anécdota de Rubén Lanz: “Una vez tenía un caballo en Valencia llamado Montemagno y lo inscribí en una carrera en donde el entrenador Reinaldo Hernández Rosal tenía a los favoritos y lo iba a retirar a última hora, pues el caballo nunca había corrido la distancia larga y decidí correrlo porque quedaron pocos caballos, y el ejemplar mío ganó y tiró récord”.

 

Aun con su cuadra en Valencia, Rubén Lanz se llevó a Don Pietro para Caracas en el año 1989 y logró un buen triunfo. Su primer triunfo selectivo lo logró en el año 1990 en la Copa Diario Noti-Tarde con Reggie derrotando a Super Sergio. Su calidad rebasa los límites y logró ubicarse entre los 10 mejores de la estadística, detrás de Antonio Sano y Juan Carlos Ávila, entre otros. Durante seis temporadas alcanzó 120 victorias, una cifra bastante significativa.

 

En el año 1991 decidió probar suerte en el Hipódromo La Rinconada y comenzó con dos ejemplares: Viceversa y Fedders. Con éste último (propiedad del señor Jaime Moreno) logró su primer triunfo en la capital, montado por Miguel Blanco. Y ese año completó 3 victorias.

 

No es hasta el año 1994 cuando verdaderamente Rubén “le vio el queso a la tostada”. Alcanzó 18 triunfos y suma otros 19 al siguiente año. Fue la época cuando el Sr. Ángelo Serafini se interesó en sus servicios y le entregó la responsabilidad de cuidar algunos de sus ejemplares, entre los cuales se encontraba Alondra Belle. Sin embargo, al no poder renovar la flota durante los años siguientes el promedió bajó y Rubén entró en un slump, como se dice en el lenguaje beisbolero. A pesar de todo en el año 1995 logró su primera selectiva en La Rinconada por intermedio de Oma en la Copa Segula C, y su primer clásico fue el Andrés Bello de 1997 con Riviera.

 

 

Estuvo a punto de comprar en la subasta de 1998 del Haras Vista Hermosa al hijo de Voyaguer en Word Medley con una puja con Juan Carlos Ávila y que perdió por apenas Bs. 500.000. Se perdió porque el propietario Luis Ortiz no pudo ir a la subasta, sino ese caballo no me lo quita nadie. A la postre se llamó My Own Business. Así Rubén demostraba que tiene pupila.

 

 

El 2001 fue el año del repunte, donde caballos como Smoltz y Elvirita marcaron la pauta y el ritmo de la cuadra. Luego apareció Glavine que arribó tercero en el Clásico Fuerza Armada y quinto en el Gran Premio Simón Bolívar; Pedroluis le brindó dos clásicos: Grano de Oro y Francisco de Miranda; Big Light, un caballo con un corazón inmenso que le ha enseñado a hacerse entrenador, que le ha llevado a tener más confianza en lo que es el entrenamiento del caballo de carreras, un caballo con los tendones idos y todo el mundo ha visto la campaña de este caballo; Contador, tenía una lesión de rodilla y dio grandes satisfacciones; y más recientemente Campeona do Eume, Alfa Real, City Of Weston, King Josse’s, Safe Shoot (sacarle las victorias con sus problemas severos, con los dos tendones idos, incluso estuvo a punto de regalarlo a una finca), el doblecoronado Chao, Gran Nicolás y Turkoni.

 

 

Su honestidad que va por delante, la dedicación y la constancia, sus deseos de trabajar todos los días, son parte fundamental para estar donde está, y crecer de menos a más. Para Rubén Lanz Lovera lo más grande “es ganar cualquier competencia”.

 

Fuentes: Sr. Hernán Viloria, Sr. César Augusto Rivero, Ing. Juan Macedo

 

Anécdotas Hípicas Venezolanas, jueves 31 de octubre de 2013

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