Anécdotas Hípicas Venezolanas presenta 

Víctor José Urbina

Por Gabriel N. Ramos

 

Quien fuera el efectivo entrenador Víctor José Urbina Reverón nació en la Ciudad de Caracas el 17 de noviembre de 1952. Hijo de Don Pedro Manuel Urbina y Doña Irene María Reverón.

 

La pasión de Víctor inició desde la época del Hipódromo Nacional El Paraíso, cuando con seis años asistió por primera vez al hipódromo junto a sus padres, quienes siempre han sido propietarios de purasangres de carrera en sociedad con amistades. Un día, un vecino, el Dr. José Benigno Mendoza, lo llevó a los traqueos, conoció jinetes, entrenadores, propietarios, toma tiempos y dateros. Esto se repitió con frecuencia y un día comenzó a colaborar con el Dr. Mendoza, ayudándolo en la cuadra durante la mañana mientras en la tarde asistía a sus estudios de Ingeniería.

 

 

Conoció en sus clases de ingles al Tony Algarbe (hijo de Antonio Algarbe), que le cedió una entrevista con su reconocido padre y al día siguiente comenzó el camino como aprendiz del entrenamiento de purasangres, eso fue en el año 1971, siendo Don Antonio su maestro en el arte de entrenar caballos de carreras. Fue en noviembre de 1977 cuando obtiene la matricula, respaldado por excelentes calificaciones en todos los aspectos evaluados, en la Promoción Luis Monasterios.

 

Continuó trabajando junto a Don Antonio, quien sin dudas fue su amigo y maestro, sin recibir oportunidades y a finales del año 1978, Don Antonio le confía la cuadra y Víctor aprovecho al máximo la oportunidad, consiguiendo la primera victoria de su carrera con la yegua Arika en el Clásico Fuerza Aérea Venezolana. Durante la ausencia de su mentor inscribió 17 y ganó 7 carreras. No pudo ser más sonoro y auspicioso su estreno, demostrando mucho pulso en la preparación y en la estrategia.

 

A los quince días recibió su primer ejemplar (luego de 13 meses de graduado), la yegua Adelaida, y allí comenzaron las oportunidades, ganando cinco carreras durante ese año 1979. Al parecer todo fue muy rápido para el noble cuidador, teniendo que trabajar muy fuerte con ejemplares lesionados, tratando así de hacerse notar en el difícil medio.

 

En 1980 entrenó a Nogales, yegua muy corredora con la cual ganó la Copa Federico de La Madriz y Pastor y en el año 1981 el Clásico Instituto Nacional de Hipódromos. Víctor consideró a Nogales lo mejor que he entrenado, ya que con ella pagó el noviciado. Ese año 1981 tuvo en la cuadra a  North Music, que destacó como uno de los mejores potrillos, imponiéndose en el Clásico Victoreado. Lamentablemente se lo quitaron al poco tiempo.

 

Víctor Urbina fue conocido por el aficionado común que busca un buen dividendo, sus ejemplares siempre aparecen en los análisis de los más suspicaces. Era inconfundible en cualquier carrera, la cogotera verde con las letras VUR. En 1984 tuvo en su cuadra a Mirzeelen, con ella ganó los Clásicos Alberto Smith y Prensa Nacional. Una baja en su condición física, no entendida por sus dueños, fue la excusa para el traslado de caballeriza y nunca fue la misma.

 

 

Tuvo a Rymer Reef, con la que ganó el Clásico Ciudad de Caracas de 1984 y en el año 1985 el Clásico Prensa Nacional. También se la quitaron. Ese año 1985 tuvo a Dai Bella, que se llevó la Copa Tapatapa; Flight Command (al cual consideró el mejor de la generación), que ganó el Clásico Victoreado, lamentablemente se destendonó y jamás pudo recuperarse.

 

 

Ese año 1986 acumulo un número aceptable de victorias (40 en total) para ingresar entre los 10 mejores de la estadística. Con Curare ganó la Copa Cañonero y con Stage Door Ed se impuso en la Copa Iraquí de ese año, fue un gran trabajo que hizo con ese purasangre de extraordinario origen, ya que tuvo que superar problemas de desgaste, acostumbrarse a la bulla del público, aceptar el bozal blanco, en fin, encontrarle la vuelta.

 

En el año 1987, recibió el apoyo de propietarios que confiaron sus efectivos al desaparecido Antonio Algarbe, los cuales le han permitió mantenerse entre los más ganadores. Tuvo a Gabrielle, con la que ganó el Clásico Cavepro; Fairy con la que triunfó en el Clásico Lanzarina; y Grisón, caballo díscolo que no le gustaba partir pero que ganó la Copa Germán Rodríguez Roye.

 

 

Durante 1988 logró 33 victorias en La Rinconada y 10 en el Hipódromo de Valencia, pero con una sequía en el orden selectivo. Fue a principios de 1989 cuando reverdeció laureles selectivos en el Clásico Francisco de Miranda con Yorsilk, en el recordado empate con el invasor valenciano Troquel. Pero las oportunidades van en declive y los triunfos cada vez menos hasta que se retiró del entrenamiento de purasangres en el año 1991 para dedicarse a otros menesteres.

 

 

Sorpresivamente el 18 de febrero 2006 reapareció Víctor Urbina con la yegua Mest Parait. Fue un regreso fugaz ya que, a pesar de lograr algunos triunfos, nuevamente se retiró del oficio.

 

Fuentes: Sr. Eliécer Odreman, Sr. Erik Pignoloni, Hipicomputo2000, Ing. Juan Macedo

 

Anécdotas Hípicas Venezolanas, jueves 30 de agosto de 2012

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