Anécdotas Hípicas Venezolanas presenta:

Vittorio Catanese

Por Juan Macedo

 

Una verdadera leyenda de nuestro hipismo, constante animador del espectáculo, dedicado y apasionado profesional, ese fue Don Vittorio Catanese Di Giovanni que nació en Messina, Isla de Sicilia, Italia el 12 de abril de 1929, por esa razón fue conocido en el mundo hípico como "La Estrella de Messina".

 

Se vino a Venezuela desde muy joven y sin bienes materiales. Se inició como peón en la cuadra de Jesús de la Cruz y se hace a fuerza del duro trajinar por las caballerizas del desaparecido Hipódromo El Paraíso, inclusive de “valet” de grandes jinetes como Raúl Bustamante y al fin, después de acumular suficientes conocimientos bajo la tutela del entrenador estrella de la época, Don Julio Castro Ruiz, obtiene su matrícula en 1952. “El Mariscal” Castro, hombre noble, le enseñó sin mezquindad alguna.

 

Consigue su matrícula de Entrenador gracias al Dr. Luis Guillermo Pulgar y obtiene su primer triunfo el 13 de septiembre de 1952 con Danbydale, propiedad de la familia Scannone y montado por Raúl Bustamante. Logra esa sola victoria en 45 intentos ese año, no obstante eso no parece desanimarle y empezó una larga batalla por subsistir y emerger como uno de los más ganadores del difícil ambiente, lo cual, sin lugar a dudas, ha alcanzado con el transcurrir del tiempo.

 

Destaca en 1956, donde figura por primera vez entre los diez primeros (se ubicó sexto con 42 victorias) y además logrando su primer clásico con Sparkler (el Fuerzas Aéreas) conducida por Carlos Pérez y poco tiempo después el Clásico Fuerzas Navales con Timepiece. Hay una anécdota simpática alrededor del triunfo de Sparkler en la que Don Vittorio le comenta a su propietario del nacimiento de uno de sus hijos (casualmente de Antonio) y la familia Scannone, en gratitud, le regala la cuna familiar. Se podría decir que Nino nació en una cuna Scannone.

 

Con el argentino Prenupcial, Don Vittorio tuvo que buscarse un socio para comprar el caballo (junto con un lote de 7 ejemplares más, la mayoría desahuciados, por la cantidad de 180 mil bolívares) que en principio eran propiedad del Sr. Julio García; éste le había comunicado que era la única alternativa si deseaba entrenarlo. La negociación fue cerrada con un socio de lujo (Don Enrique Soto Rivera) y para el Gran Premio Internacional Clásico Simón Bolívar de 1961 llamaron a  Gustavo Ávila, quien se encontraba haciendo campaña en USA, para conducir al argentino (Gustavo estuvo a punto de dejar la monta a última hora) y el sorprendente Prenupcial superó pegado a la baranda al crack Klick. Seguidamente Prenupcial participó en el Washington Internacional en Laurel Park que figuró tercero detrás de las luminarias TV Lark y Kelso, con la monta de Gustavo Ávila, quien botó los estribos en los últimos 1000 metros de carrera, debido al extremo frío de la época en el estado de Maryland. Tras esa carrera Prenupcial fue vendido a intereses norteamericanos por 60 mil dólares. Esa fue una muestra contundente de la pupila de Don Vittorio para la escogencia de los caballos purasangres de carreras.

 

Otra gran satisfacción de Don Victorio fue el sensacional triunfo de Perry Mason en los 2400 metros del Cría Nacional de 1962, un caballo propiedad de Don Enrique Soto Rivera, hijo de Hylander de gran pedigree (tanto así que fue llevado por intereses extranjeros a Argentina para probarlo como semental, pero lamentablemente era estéril dejando apenas 2 productos y devuelto a Venezuela) muy lesionado pero de un corazón enorme que luchó toda la carrera (bajo un torrencial aguacero) con el campeón Polizón, pasando la milla en un asombroso 97” para la época, lo doblegó y tuvo las suficientes reservas para soportar al resto del lote que venía en atropellada.

 

No todo lo que podamos rememorar de Don Vittorio son éxitos, hay capítulos en donde las derrotas se transforman en recuerdos, y una de las más interesantes es durante la escenificación del Gran Premio Clásico Simón Bolívar de 1966, cuando su pupilo Chantmarle toma la punta en la recta final y se perfila ganador; Don Vittorio se va retirando en busca del paddock de ganadores cuando voltea y observa como el nativo Socopó sorprende en raya el inglés hijo de Sing Sing. Seguramente fue una de las veces en las que rompió sus binoculares (cuenta Nino que fueron 11 los que destruyó). Lo que fue alegría para muchos, fue sorpresa y frustración para él. Otro caso fue de un tordillo argentino llamado Sas, el cual se le tenía en gran concepto, trabajaba fenómeno pero en carrera no rendía lo esperado. Ese caballo tenía “loco” a Don Vittorio y jamás logró conseguirle la vuelta (y nadie más lo logró).

 

Canelo y Normay participaron en una carrera para dosañeros en octubre de 1967 y Don Vittorio le indica al propietario de Canelo: “Normay gana esta carrera, pero más nunca lo derrota”. Efectivamente Normay ganó dicha competencia agenciando récord para el kilómetro (59” en curva). A los días dicho propietario le insinúa a Don Vittorio que si había maltratado a su pupilo Canelo para que el otro lo derrotara, en lo que respondió: “estoy consciente que este ejemplar (Canelo) es el mejor de la generación, pero te agradezco que te lo lleves a otra cuadra”. ¡La Dignidad primero ante nada!

 

Otra muestra de la pupila de Don Vittorio fue Astrum. Cuenta Don Nino que en una visita que hizo Vittorio con la Sra. Zingg al Haras La Parcela en búsqueda de un buen ejemplar, notó la presencia de un potrillo inquieto y le dijo a Don Luis Cabrera: “ese es el que quiero”. Don Luis le dijo que no tenía precio, pero Vittorio insistió, y así el notable criador dijo “120 mil bolívares” como para que Vittorio desestimara su oferta. Pero fue la Sra. Zingg (que estaba muy atenta de la conversación) que sacó la chequera e hizo un cheque por dicha cantidad para adquirir al hijo de Hylander. No se equivocó ya que Astrum fue Campeón Dosañero y un corredor excepcional, lamentablemente plagado de problemas físicos. Astrum hace recordar la visión de futuro que tenía Don Vittorio, que siempre buscaba lo último de la tecnología para implementárselo a sus pupilos. Astrum pierde su invicto inexplicablemente en el Clásico Francisco de Miranda de 1969 e inmediatamente Don Vittorio busca la opinión del Dr. Reed (que viene exclusivamente de USA) para revisar al nieto de Hyperion, quien logró detectar un problema respiratorio. Meses después ganó el Clásico José Antonio Páez. Tal como ese ejemplo sucedió con muchos de sus entrenados.

 

 

 

Impresionante el  récord que implantó de 56 semanas consecutivas ganando carreras, desde el 2 de abril de 1967 hasta el 20 de abril de 1968. E inolvidable el triunfo del tordillo inglés Don Florestán en el Gran Premio Clásico Simón Bolívar de 1969 por el puesto de pista 22 y en tiempo récord para los dos kilómetros, una de sus “travesuras” ya que las instrucciones eran emplearlo desde la arrancada para ver hasta donde llegaba y la posición final no importaba tanto, con tal, todo formaba parte de la estrategia. Pues bien, Don Florestán salió en punta controlado por Don Balsamino Moreira y baja gradualmente hacia la baranda sin hallar mayor oposición, colocándose audazmente al frente al lote e insospechadamente comienza a despegarse del lote y al final se paró, pero después de la meta.

 

 

Sin duda alguna su mejor año resultó ser 1970, además de ganar la estadística con 148 victorias, estableció una marca de más triunfos para un entrenador en una semana con 9 victorias, cuando en el triple programa del 14, 16 y 17 de mayo presentó ganadores a Disidente, Trente, Donkaster, Foreman, Gran Califa II, Guatamare, El Lucero, Olímpica y Sun Major, además de dos récords de pistas impuestos el 12 de julio con los importados Estense (75”2 para los 1300 m) y Floretti (81”4 para 1400 m) y el récord de 23 victorias en un mes. Y remató ese año con el campeón dosañero Bla Bla, ejemplar de una gran velocidad que logró llevar con éxito hasta la milla, a pesar de ser roncador.

 

 

Ritmo Caribe fue una de sus grandes satisfacciones como criador y entrenador, cuando dicho ejemplar participa en el Clásico Francisco de Miranda contra The Iron, las instrucciones que giró Don Vittorio a Miguel Blanco fue: “sale al lado de The Iron y no lo deje ir”, Miguel, sorprendido, trata de cambiar la estrategia pero la respuesta es inmediata: “si no haces lo que te digo, no aspires montar más a algún ejemplar de mi cuadra”. La instrucciones fueron cumplidas a cabalidad y Ritmo Caribe derrotó sensacionalmente a The Iron. Al igual que le trajo alegrías, también fue motivo de tristezas ya que Ritmo Caribe fue víctima de las manos criminales que pululan en las caballerizas.

 

 

Val Fleurie fue otro de los ejemplares que escogió Don Vittorio. Durante una visita al Haras El Bosque formalizada por el Dr. Toledo Guerrero, nuestro homenajeado observó una potranca muy vistosa y le dijo a Don Alfredo “quisiera entrenar a esa potranca”. Además de su sensacional campaña, Val Fleurie tiene el mérito de ser una de las últimas yeguas que derrotó a Trinycarol, carrera genialmente planificada pre-carrera por Don Vittorio.

 

 

Otra gran hazaña, que realizó junto con otra leyenda, Ángel Francisco Parra, fue ganar las dos versiones del Gran Premio Nacional en su primera edición con Síndaco y Módena el 6 de septiembre de 1987, año en el que logró la segunda y última estadística con 126 triunfos.

 

 

Por sus manos pasaron otros ejemplares de la talla de Despreciado, Alone, Santanita, Colombina, Titán, Corroborí, Lucky Coin, Macanao, Tres Suertes, Casanova, Rondinela, Tijereta, El Aventurero, Pride, Trovador, El Corsario, Fandanguero, Crimson Light, Big Mach, French Dancer, Watery, Sultánico, Cutparlor, Beauty Mary, Don Manolo, Red Love, Dulce Dama, entre otros. Fue el segundo entrenador en superar la barrera de los 2000 triunfos, después de Don Millard Ziadie, hecho que logró con el ejemplar Onward. La última prueba selectiva que ganó fue el 10 de agosto de 1991 en la Copa Henrique Toledo Trujillo con Hatchawua.

 

 

El Inmigrante que se hizo empresario, echó raíces en nuestra Venezuela. Fue propietario de una agencia de vehículos y hay que recordar que alcanzó gran éxito como criador, propietario del Haras El Campo, ubicado en el estado Guárico. Su hijo Antonino Catanese siempre siguió sus pasos, graduado Médico Veterinario, actualmente destaca como exitoso entrenador. Cuenta que apenas culminando el bachillerato le dijo a su padre: “voy a ser entrenador” y la respuesta de Don Vittorio fue “cuando te gradúes me retiro”. Esa respuesta fue lo suficientemente clara para indicarle a su hijo que siempre hay que tener un “segundo frente” en la vida, ¡mejor consejo que ese imposible!

 

 

Amazing Girl, excelente corredora y en la que Vittorio tenía grandes esperanza para la cría, le buscó un servicio con el semental Oceanic Dancer y tal era la confianza en ese cruce que cuando el potrillo nació con los miembros anteriores completamente doblados, la cual requería un tratamiento especial para enderezarlo y que Don Vittorio dio la orden para que se ejecutara. Lamentablemente no pudo ver su obra, que se trató del ganador clásico Real Gitano.

 

Falleció el 21 de febrero de 1995 y en la actualidad las autoridades hípicas le corren una Copa en su honor. Tenemos fe que algún día cercano nos embargará una gran alegría al observar en la programación selectiva el Clásico Vittorio Catanese. De manera emotiva y como buen epitafio, el Sr. José Rafael Blanco comentó lo siguiente "Fui el mejor seguidor de todos los ejempleres del gran entrenador Vittorio Catanese y asi como perdi jugando sus ejempleres tambien tuve grandes ganancias y vi correr sus grandes ejemplares como Macanao, Don Florestan, Floretti, Estense, Larkal, Servidor, Opositor, la gran Tres Suertes (que debutó ganando por el puesto uno en 1400 metros en un lodazal), Lucky Coin (un ganador de 16 carreras), el avion de Bla Bla y el extraordinario Fandanguero, además de sus últimos campeones: Sindaco y Modena. Un gran entrenador sin lugar a dudas, paz a mi amigo El Cata".

 

Fuentes: Sr. Antonino Catanese, Sr. Jaime Casas, Revista Gaceta Hípica, Sr. Erick Pignoloni, Srta. Rachel Catanese, Sr. José Rafael  Blanco.

 

Anécdotas Hípicas Venezolanas, jueves 05 de mayo de 2005

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