Anécdotas Hípicas Venezolanas presenta

Milton Barra

Por José M. Gil

 

Uno de los extraordinarios jinetes chilenos llega­dos a Venezuela, ha sido, sin duda, Milton Eduardo Barra Gallardo. Este efectivo y rendidor jinete siempre se destacó por su trato cor­dial y por el amor a su profesión, teniendo siempre por delante el respeto a la afición y a sus colegas. Nació en Santiago de Chile, el 7 de Diciembre de 1934. Ya niño descubrió que su pasión eran los caballos y poco a poco fue metiéndose en ese fascinante mundo del hipódromo, aprendiendo todo lo inherente acerca de los purasangres y la actividad de caballerizas en sus visitas muy frecuentes al vie­jo Hipódromo de Chile, un romántico coso de carre­ras, donde la hermandad impera diariamente, lugar de inicio de incontables estrellas suramericanas de la fusta y del entrenamiento.

 

 

El Gringuito” como le decían en su Chile natal, se inició en las actividades hípicas a los 17 años en calidad de Empleado de Stud y, ayudado por el preparador Ernesto Escaia, dos años después comenzó su carrera de Jinete, eso fue a finales del año 1951. Su primera monta fue con El Pelucón. Sin embar­go, en el intento número trece, consiguió su primer triunfo conduciendo a Embuste, en tiro de 1200 me­tros. Casi seguidamente se anotó un triunfo clásico con la yegua Guaraná. Destacó rápidamente, al punto que completó 30 victorias en apenas 7 meses de actividad, logran­do el título como Aprendiz del Año.

 

 

En 1953, viaja hacia Venezuela, contratado por el Stud San Isidro del Dr. Luis Guillermo Pulgar Morillo, siendo sido uno de los muy contados jinetes contratados para actuar entre nosotros siendo aún aprendiz. Arribó a Caracas una semana después que Balsamino Moreira, quien aupó y animó al joven aprendiz a esta aventura.

 

En el Hipódromo Nacional El Paraíso debutó el 16 de enero de 1954 (durante la temporada extraordinaria de 1953) piloteando a la chilena Olimpiada, logrando su primera victoria y al día siguiente logró otro triunfo con el veloz moro Acertijo que resultó ser un gran batacazo. En esa mini temporada se anotó 8 triunfos en 29 actuaciones. El famoso Mr. Chips lo bautizó como “El Pecoso” Barra. Debido a que su contrato con el Dr. Pulgar quedó cesante, en 1955 cumplió campaña en los Hipódromos Argentinos (San Isidro, Palermo y La Plata, contratado por el conocido Stud Dos Estrellas) ganando diez carreras. Regresó a Venezuela y debió luchar con tenacidad para hacerse un nombre en la llamada “Época de Oro” del hipismo venezola­no, se codeó con Raúl Bustamante, Juan Araya, Juan Eduardo y Carlos Cruz, Carlos Pérez y Balsamino Moreira, también formados en su tierra, pudiendo destacar como un buen ganador de carreras. En aquellos primeros años, recibió el apoyo de Julio Castro Ruiz, “El Mariscal”.

 

Cuenta el Sr. Roberto Martín Montilla: "Fue un 23 de febrero de 1959, tenía 14 años, había pasado un mes del derrocamiento del General Marcos Pérez Jiménez cuando el Hipódromo Nacional de El Paraíso se convulsionó por la conducción contradictoria del caballo Montecristo. El caballo venía de fracasar estrepitosamente como Línea Nacional con la monta de Gustavo Ávila, a la semana, ese 23 de febrero, ganaba galopando con Milton Barra y la reacción del público asistente no se hizo esperar: voltearon una pasarela, apedrearon el recinto de Comisarios y tenía la intención de acabar con el hipódromo. La oportuna intervención de la Guardia Nacional evitó que voltearan el vehículo de Milton Barra con su esposa embarazada adentro. En una decisión tomada en tiempo récord, los Comisarios suspendieron por seis meses al entrenador Pedro Cruz Estrada y al jinete Gustavo Ávila, mientras que inhabilitaron al caballo Montecristo por tres meses. No obstante, mi padre liquidó una cuadra de 17 purasangres en protesta por lo que consideró injusto".

 

La década de los años sesenta fue fructífera en cuanto al número de victorias, conquistas clásicas y estelaridad. En 1960 actuó un mes en Miami conduciendo a los ejemplares Pensilvania y Policeman del Sr. Gustavo Rotundo Talavera. Los clásicos le fueron esquivos hasta 1962, cuando administra con maestría la estamina de la chilena Ardid y gana el Clásico Radio y Televisión, haciendo dúo con Gui­llermo Andrade. A finales de 1962 impuso al tordillo Virginio en el Clásico Organización Suramerica­na de Fomento Equino (OSAF). Fue el jinete oficial de Oliver, el fabuloso hijo de Oliverio que perdió su invicto en el Clásico Simón Bolívar de 1963 ante Ferrumbrás. Conclu­yendo aquella temporada, tomó desquite anexándo­se el Clásico Clausura, prueba que también ganó en 1968, con Le Notre.

 

 

Cuentan los hípicos de vieja estirpe, que Atilio Bracho, quien iba a montar a Rimel en el Clásico Simón Bolívar de 1963 se le acercó al Milton Barra y le dijo: "Mirá Pecoso, , si yo no te doy pelea con Rimel, vais a ganar al trote... Si yo te doy pelea con Rimel, podéis ganar o perder, pero lo más probable es que perdáis. Si no te doy pelea, tenéis que darme algo del porcentaje que te toca como jinete ganador..." Barra (confiado y con razón) en la superioridad del entonces invicto Oliver se negó amistosamente a ceder ni siquiera un bolívar de su porcentaje a Atilio Bracho. En la partida del mencionado Clásico, Rimel se le colocó al costado a Oliver y le presentó una pelea suicida metro a metro... Al girar la última curva, Rimel había abandonado la lucha y Oliver despegó, pero faltando pocos metros para finalizar la carrera, Oliver sintió el desgaste y le faltó estamina para contener la furiosa atropellada de Ferumbrás.

 

 

Siempre manifestó su preferencia por los ejempla­res velocistas, con los cuales logró la mayoría de sus triunfos. En 1963, impuso a Evora en el Clásico Prensa Nacional, en 1966 se lució con Hatari en el Clásico de los Sprinters y al año siguiente cruzó el espejo adelante con Toronado en el Clásico Ministerio de Agricultura y Cría. Ese mismo año, fue el jinete de la valiente yegua argentina Una Leona, hija de Cantha­re con la que ligó otros tres importantes lauros. Ese año el Clásico Día de la Armada y en 1968 los Clásicos Día del Ejército y OSAF, sometiendo a los machos. El día del Gran Premio Simón Bolívar, batalló hasta el final, cayendo ante Vivo en un vibrante final.

 

También fue el jinete del campeón nativo Canelo, poderoso rematador, doble coronado de 1968, gana­dor con Barra de los Clásicos Ministerio de Agricul­tura y Cría, República de Venezuela y Fuerzas Ar­madas de Cooperación, además de otras importantes figuraciones selectivas.

 

Celebre en 1968 por la marca implantada de nueve Clásicos gracias básicamente a Canelo y Una Leona. Aunque no pudo ganar el Clásico Simón Bolívar, Milton Barra también es célebre por ocupar el segundo lugar en cinco ocasiones: 1959 con El Chino, 1962 con Gran Trece; 1963 con Oliver, 1968 con Una Leona, y 1974 con Eso. En 1973 se registra su última victoria clásica, al mando del batallador Señorial, en el Presi­dente de la República, el primero programado exclusivamente para ejemplares nacidos en el país. Contabilizó 669 triunfos en Venezuela.

 

Como muchos jinetes chilenos Milton Barra hizo de Venezuela su segunda patria. Ya retirado, entre sus hobbies está viajar, leer, pescar y escu­char buena música. Su gran orgullo ha sido formar una bonita familia y aportar todo su esfuerzo en aras de la educación y desarrollo integral de sus hijos. Siempre se fijó en los buenos jinetes para depurar su estilo, lo que aunado a su talento, lo convirtió en uno de los más renombrados jinetes de su época. En agosto 2009, durante la Gala Hípica de Caracas, las autoridades le rindieron un merecido homenaje.

 

 

Fuentes: Revista Gaceta Hípica, Revista Gala Hípica de Caracas 2009, Revista La Fusta, Sr. Roberto Martín Montilla, Ing. Juan Macedo.

 

Anécdotas Hípicas Venezolanas, jueves 25 de Febrero de 2010

Copyright 2000, Anécdotas Hípicas Venezolanas C.A. Todos los derechos reservados