Anécdotas Hípicas Venezolanas presenta

Rómulo Francisco Méndez

Por Juan Macedo

 

Uno de los más completos jinetes de la historia hípica venezolana, fue el inolvidable Rómulo Francisco Méndez Ribas, a quien sus amigos y aficionados llamaban cariñosamente “Cuminaco”. Nació en la Parroquia San José, Caracas, el 2 de marzo de 1920. De origen humilde, desde su niñez transcurre con los sueños de destacarse en algo importante, se aficiona al béisbol y logra despuntar como pitcher en ligas preinfantiles. A los 15 años, tiene que ayudar a su familia y trabaja como empleado del Sr. Pablo Morales en las dependencias del Ministerio de Obras Públicas y del Hipódromo El Paraíso, donde se mantiene observando detenidamente las formas y estilos de montar de los jockeys del momento.

 

Se queda definitivamente en el Hipódromo trabajando en la cuadra de José Rosario Gómez, haciendo de todo menos de jinete, pero con la ayuda de Marcos Andino y Luis Monasterios, recibe colaboración para ver cristalizados sus anhelos al pasar a la cuadra de Cecilio Clark, donde se encarga del cuido de la yegua Zulia, la que sería su primera monta a pesar de un hecho lamentable que “Cuminaco” nunca olvidó, pues cuando se le concedió la oportunidad de debutar como jockey, el dueño de la yegua (el Dr. Velutini) decidió dársela a Marcelo López, quien en carrera sufrió un grave accidente, perdiendo la vida.

 

 

Transcurrido tres meses de aquel episodio, reaparece Zulia pero se hace difícil encontrarle jinete. Don Fernando Mitayne recomienda a “Cuminaco” y así hace su debut donde califica penúltimo. Pasaron casi dos años de espera para conquistar su primera victoria, a bordo de Buena Suerte, en 800 metros, en el año 1937. Luego seguirían otros triunfos hasta completar 25 y titularse profesional, por intermedio de Papagayo en 1700 metros.

 

Se hizo jockey de confianza de la cuadra del Dr. Stelling y en 1939 logra su primer éxito clásico con Katiuska en los 2400 metros del Clásico Presidente de la República y en su fructífera trayectoria de 23 años acumuló en su historial todos los eventos clásicos de la época, exceptuando el Clásico Simón Bolívar que siempre le fue esquivo.

 

 

 

Don Rómulo fue un jinete de características espectaculares. Ganó con Siete Bravo en 2000 metros implantando récord de pista que no pudo ser superado en El Paraíso, al igual que el implantado por Charm en 1400 metros. Un recuerdo no tan grato fue aquel Clásico Fuerzas Armadas de 1950, cuando por defecto de la fotografía se decretó el polémico empate entre Stanley y Atorrante, “Cuminaco” siempre mantuvo la certeza de que le “arrebataron” la gloria.

 

Fue ganador de estadísticas en el Hipódromo de El Paraíso, además de Trinidad y Guayana Inglesa. Se codeó con grandes jinetes de su tiempo, como Pedro Emilio Yumar y Perfecto Antonio Chapellín. Su última victoria fue en 1959 en El Paraíso sobre el ejemplar Trueno Sordo, y su última monta fue con el mismo ejemplar, que se dio vuelta dentro del aparato de partidas, escapándose hacia atrás, motivo por el cual las autoridades hípicas tomaron la decisión de no permitirle montar más y entregarle la jubilación, pues su salud estaba resentida. Contabilizó 563 victorias en toda su trayectoria como jinete. 

 

Sus triunfos y brillantes actuaciones le valieron la confianza de todos. Fue un jinete de clase y sus inquietudes lo llevaron a incursionar también como periodista (director de un semanario llamado La Verdad Hípica) y en sus últimos años de vida, antes de venirse a menos su salud, actuó como entrenador de purasangres de carrera. Rómulo Francisco Méndez falleció en Caracas el 16 de diciembre de 1972.

 

Fuentes: Diario El Mundo, Revista Hipódromo, StudBook de Venezuela

 

Anécdotas Hípicas Venezolanas, jueves 12 de Mayo de 2001

Copyright 2000, Anécdotas Hípicas Venezolanas C.A. Todos los derechos reservados