Anécdotas Hípicas Venezolanas presenta:

Alfredo Pontrelli

Por Jaime Casas

 

Cuando conocí a Alfredo Pontrelli, era yo aún muy joven. Daba mis primeros pasos en el medio, y confieso que me asustó un poco su imagen “cascarrabica”, que de alguna manera le encantaba cultivar en ciertos momentos. Era más fácil estar cerca de su hijo Miguel, o de Vito, hijo de su socio de toda la vida, Marcoantonio Mastrogiácomo. Vito y Miguel ya se involucraban de lleno en el manejo de Haras San Luis, el haras del “Supercriollo Epic Junior, que fue -cosa rara para un criollo- más afamado como semental que como corredor, y fundaron en esos tiempos, 1990-1991, junto a José Alejandro Mélich, una empresa que se llamó Publi-Haras, de alguna manera la precursora de lo que es hoy Hipicómputo 2000.

 

 

Cuando descubrimos, en muy poco tiempo, la verdadera personalidad de Alfredo Pontrelli, nos encontramos a un gran hombre apasionado del hipismo, con valores personales y familiares extraordinarios. Alfredo quiso mucho sus caballos.

 

 

 Antes de ser criador fue propietario, siempre junto a Marcoantonio. Ellos iniciaron juntos Calzados Camilo, que fue una empresa de fabricación de calzado de mucho éxito en nuestro país, e incluso laureada internacionalmente (en 1975 recibieron el “Oscar del Calzado” en Milán, Italia, por sus diseños) y juntos se involucraron en el mundo del hipismo; como propietarios primero desde los años 60 y luego como criadores en los ’70 en Haras San Luis, que fue uno de los haras importantes en aquella inolvidable década de los ’80, criando aquellos Epic Barre, Epic War, Epic Dancer, Walk Over, Epic Value y al propio Epic Junior, que fue parte de su primera etapa, antes de mudar el haras a Camatagua, tierras que aún les pertenecen aunque ya no operan como tales desde el dispersal que realizaron en 1996.

 

 

Alfredo vino a Venezuela, como tantos otros europeos, en los primeros años luego de la II Guerra Mundial. Sin bienes materiales, pero con ganas de trabajar y salir adelante. Lo hizo, y sembró raíces definitivas en este país que adoptó como suyo, y al que nunca renunció, ni siquiera en estos tiempos que ya no son los mismos. Le encantaba hablar de pedigree, de sus caballos. Y, sabedor de lo que estaba manejando como criador, fue también propietario socio de muchos de esos buenos hijos de su Epic Junior, de los que disfrutó como ninguno.

 

 

El pasado lunes 26 de mayo de 2014 Alfredo Pontrelli marchó. Tenía 86 años, y casi 70 de ellos los pasó en Venezuela. Dejó un matrimonio de 57 años; una familia hermosa, de gente correcta y decente; amigos de toda la vida. Y su pedacito de historia en el hipismo, para recordarle por muchos años.

 

 

Anécdotas Hípicas Venezolanas, lunes 30 de junio de 2014

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