Anécdotas Hípicas Venezolanas presenta:

Carlos Eduardo Frías

Por José M. Gil

 

Carlos Eduardo Frías Pacheco fue uno de los más importantes publicistas de nuestro país, además de escritor, diplomático, periodista e hípico. Nació en la Ciudad de Caracas en el año 1906, hijo de Eduardo Frías Rivas y Josefina Pacheco Rodríguez, fue el tercero de 7 hermanos, levantados todos por los oficios de su padre como sastre. Desde 1915 conoció a un compañero que ejercería en él influjo importante y con quien habría de compartir el crecimiento intelectual: Arturo Uslar Prieti.

 

 

Al graduarse de abogado en la Universidad Central de Venezuela, ejerció por seis años su carrera en un bufete junto a Juan Pablo Pérez Alfonzo e Inocente Palacios. Cuentista por excelencia, obtuvo un premio en la revista Fantoches por su cuento La Quema, en 1924. Como escritor publicó su libro de cuentos titulado Canícula cuando contaba con solo 24 años, donde dejó asentado su talento.

 

Frías fue animador fundamental de la Revista Élite y su director en el año 1936. Se dedicó a orientar, a través de sendas notas críticas, a toda una generación de escritores nacientes. Fue secretario de la delegación venezolana ante la Liga de las Naciones entre 1936 y 37.

 

Fue representante diplomático de Venezuela en Europa, en Ginebra, donde palpó de cerca la magia de los anuncios publicitarios y aprendió cómo funcionaba una gran agencia, Publicis, y trasladó a Caracas todo ese bagaje de conocimientos para ponerlos en práctica.

 

Su brillantez literaria motiva a sus amigos del círculo literario a protestar por su idea de fundar una agencia de publicidad. Pero él, con toda su poesía, que luego iba a usar en publicidad, les dijo: “Permítanme conquistar mi derecho a soñar”. La Caracas de 1938 escasamente reunía 300 mil habitantes; eran tiempos de tranvías y casitas de techos rojos. El país tenía una de las economías más atrasadas del continente, consecuencia de la larga dictadura gomecista. En ese contexto histórico de Venezuela el verbo se hizo publicidad, cuando dos hombres caraqueños (Carlos Eduardo Frías y Edgar Anzola) fundaron la agencia, que inicialmente se llamó Anzola & Frías, dándole forma a una actividad que todavía no era vista como profesión. Luego se llamaría ARS Publicidad.

 

A juicio de Carlos Eduardo Frías, la publicidad era “arte aplicado”, por ello escogió la palabra ARS, sinónimo latino de arte. “Ser publicista es una manera de ser escritor y periodista”, refería en su particular visión de la publicidad. Será quizá por esa conjunción cultural que por ARS hayan pasado figuras intelectuales y artistas como Arturo Uslar Pietri, Mariano Picón Salas, Alejo Carpentier, Pedro Berroeta, Alejandro Otero y otras figuras del hacer cultural. Su hijo y sucesor al mando de ARS, Fernán Frías, refierió en su libro Páginas de Tiempo: “Carlos Eduardo Frías nunca se sintió cómodo en el mundo y el momento que le tocó vivir, pero siempre se sintió comprometido con él. Su vida estuvo ligada a circunstancias únicas y especiales y a una generación de hombres, mujeres, ideas y pensamientos que sentían que la Venezuela que tenían no era la que deseaban. Allí irrumpía la Venezuela que heredaríamos las generaciones actuales, la Venezuela de la libertad y de expresión clara, en un país que debíamos construir a partir de una utopía posible y no solo sentimental”.

 

ARS funcionó según los criterios de la época: produciendo programas radiales (novelas o shows) para los cuales conseguía patrocinadores. La saturación de productos importados y los modelos publicitarios con clichés norteamericanos, ponían cierta limitación que Carlos Eduardo Frías superaba con creatividad en medios y búsqueda de la originalidad criolla. Esto último selló el destino de ARS. Don Carlos tuvo la oportunidad de ver a ARS no sólo como su hija, sino como una universidad de las agencias que nacieron, posteriormente, e iniciadas por "arsianos" formaron la primera generación de publicistas y comunicadores de nuestro país.

 

 

Como hípico, fue propietario en sociedad con Miguel Otero Silva, Pedro Juliac y Francisco Andrade Álvarez de buenos corredores como Degas, Temuco, Montmartre, Retrechero, entre otros, disfrutando de las tardes sabatinas y dominicales en la tribuna del Jockey Club de Venezuela, entidad a la que perteneció e incluso fue presidente entre los años 1972 y 1974. Además ARS publicidad colaboró con la publicidad del hipismo, tanto así que, post-mortem, se le dedicó una Copa en su honor desde 1988 hasta 1995. También concibió en 1968 la idea de formalizar un premio que recompensara el esfuerzo de los profesionales y sus logros, esa idea fue el Casquillo de Oro.

 

 

Carlos Eduardo Frías falleció el 12 de febrero de 1986, en su casa de Caracas, a la edad de 79 años. Pero hoy sigue vigente, sigue siendo el faro que nos alumbra y nos marca el norte, ese norte formado por los principios éticos y los valores fundamentales del comportamiento de los hombres que hacen historia. Ese es el legado de Carlos Eduardo para las nuevas generaciones, es enseñanza y ejemplo, innovación y humanismo, pero sobre todo era amigo, y siempre hacía honor a su célebre frase: "Siempre hay que sembrar amigos".

                                                                                             

Fuentes: Sr. Fernán Frías, Correo del Caroní, Revista Producto, Revista Élite, Revista Gaceta Hípica, Ing. Juan Macedo, Sr. David García.

 

Anécdotas Hípicas Venezolanas, viernes 19 de diciembre de 2014

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