Anécdotas Hípicas Venezolanas presenta

Celestino Martínez

Por Juan Macedo

 

Don Celestino Martínez fue un verdadero apasionado por el hipismo, que en su tiempo fue un auténtico pionero de múltiples actividades dentro del deporte de los reyes. Nació en Caracas el 23 de enero de 1881 y desde muy joven se convirtió en asiduo espectador de las actividades que se desarrollaban en el Hipódromo de Sabana Grande. Cuando se produjo el cambio al óvalo de El Paraíso comenzó a evidenciar de forma decidida esa pasión por las carreras de caballos. De sus primeros pasos como propietario con varios ejemplares criollos, nacidos en el Litoral, específicamente en la Hacienda Pino, destacándose en breve tiempo el caballo Crillón, que consiguió muchas victorias montado por Don Jaime Todd. Su primer triunfo selectivo como propietario lo obtiene en el Clásico Presidente de la República de 1912 por intermedio del ejemplar Paso Doble.

 

 

Fue pionero de los entrenadores nativos, ye que por muchos años tuvo a su cargo los ejemplares propiedad del General Juan Vicente Gómez, con los que ganó muchas carreras, incluyendo clásicos.

 

Igualmente se adelantó a su tiempo como comprador de ejemplares en el exterior, dejando sentada su buena pupila al realizar productivas adquisiciones en Europa y Estados Unidos. En Kentucky lo apodaron “Chicken and Rice”, pues según él mismo contaba, era la única comida que sabía pedir en inglés.

 

También fueron suyos los ejemplares Fiel, Alcázar, Caracas (el primer purasangre que representó el tricolor nacional en el exterior, un caballo francés con el que ganó en Puerto Rico el “Quintana Derby” el 21 de noviembre de 1926), asimismo el Caracas criollo, nacido y criado en su pequeña cuadra particular, y el francés Junín, el último ejemplar en depararle satisfacciones, con el que obtuvo la Copa del Ejército en 1936.

 

Por si fuera poco, Don Celestino ocupó diversos cargos de responsabilidad dentro de nuestro hipismo. Miembro Director de los años 1935, 1936 y 1937. Durante un largo período, tuvo a su cargo la delicada misión de Administrador del Hipódromo, dejando sentado el sentido de honradez que siempre fue su norte.

 

El 10 de agosto de 1946, después de una tarde sabatina de carreras, en la que vio ganar a su pupilo Caracas, sufrió un infarto del cual no pudo recuperarse y falleció. De esa manera se fue un hombre futurista, que siempre llevó la batuta y labró el camino de lo que es actualmente el espectáculo de las carreras en Venezuela.

 

Fuentes: Revista Gaceta Hípica, Sr. Carlos A. Arteaga. Foto cortesía de la Sra. María Isabel Martínez de Pagés.

 

Anécdotas Hípicas Venezolanas, lunes 16 de Enero de 2006
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