Anécdotas Hípicas Venezolanas presenta:

Enrique Acosta Clausel

Por Juan Macedo

 

Don Enrique Acosta Clausel, hípico de brillante estirpe, nació el 12 de junio de 1908. Desde niño, cuando tenía 10 años, está viendo carreras de caballos en la vieja pista del Hipódromo Nacional de El Paraíso; en ese entonces tenía que estarle rogando más de medio día al portero para lograr ver su espectáculo favorito.

 

Entró al mundo hípico como Propietario y luego como Entrenador de Purasangres de carrera, en las cuales tuvo tardes inolvidables. Su primer pensionista fue León Dormido, que era de su propiedad junto con el Dr. José Mario Manrique. Luego tuvo a su cargo la preparación de Paraíso, Chivatón, Lucero y la catira Simra, que fue la que mayores satisfacciones le brindó, pues logró ganar nueve carreras al hilo. En todas estas oportunidades fue conducida por Pedro Emilio Yumar. Su peor tarde en el hipismo fue cuando creía que la yegua Mintaca era una fija, pues había trabajado en 48” para los 800 metros y el día de la carrera no figuró. Don Enrique dijo en una ocasión “Lo que sentí fue que una gran cantidad de mis amigos se quedaron limpios en esa carrera”. Don Enrique más tarde se retiró de la profesión por no poder cumplir a cabalidad su cometido, pues él considera que un entrenador debe entregarse por entero a la difícil profesión.

 

Como propietario sus pupilos fueron la yegua Consejera que le costó Bs. 17.000 y ya se pagó, con la utilidad se compró un potro inglés que llamó Consecuente. Ambos defendieron los colores de ocho concejales que forman el Stud Edilicio, cuyos colores eran los del escudo de la ciudad de Caracas, chaquetilla a rayas verticales rojas y amarillas, mangas y gorra grises.

 

Fuera del hipismo su mayor satisfacción fue la poesía. Don Enrique poseía una gran biblioteca donde cuenta con libros de grandes personalidades de la poesía. Para no olvidar su hobby en sus comentarios hípicos que introdujo versos en cada comentario sobre un ejemplar, lo cual le hace muy amena su charla hípica. Por ello y sin duda alguna que uno de los comentaristas hípicos que contó, para la época, con mayor sintonía de oyentes fue Don Enrique Acosta Clausel, los que hacía con el seudónimo de "El de las Gríngolas".

 

Su debut en la radio fue casual, pues el Sr. Gonzalo Veloz Mancera, director en ese entonces de la emisora Ondas Populares, llamó urgentemente a Enrique Acosta Clausel para que sustituyera a “Pancho PepeFrancisco José Cróquer, quien se encontraba enfermo y desde ese día Don Enrique se hizo comentarista radial.

 

Así solía comentar los resultados de las carreras de pura sangres: “Queridos radioescuchas, ayer, domingo inmarcesible, cuando la tarde ya se derramaba en brumas, un relámpago noble cruzó la línea de llegada, fue el galope diamantino de un redivivo Rocinante apodado Caimán, que hizo suyo el Simón Bolívar dejando en un banquete de tristezas y resignación a los ejemplares perdedores”. Enrique Acosta Clausel bautizó al jinete Raúl Bustamante con el apelativo de "Mano e' Tigre", ese apodo se debe a que Don Enrique que tenía una yegua llamada Lisonjera con Manuel Suárez y siempre llegaba segundo tras segundo, le dijo a Don Raúl para montarla y lo hizo, ganando la carrera y de allí surgió el famoso calificativo.

 

Fue hasta el año 1942 cuando entró en la nómina del Hipódromo Nacional, donde se inició como Cajero Principal. Para el año 1947, Enrique Acosta Clausel fue nombrado Administrador y Cajero del Hipódromo Nacional; y en 1949 fue nombrado Gerente del Hipódromo Nacional, cargó que desempeñó con gran acierto. Al culminar su período, el 12 de marzo de 1956 fue nombrado Inspector del Hipódromo Nacional.

 

En 1946, durante una reunión en la Asociación Hípica de Propietarios, Enrique Acosta Clausel y los hermanos Julio y Eugenio de Armas motorizaron la creación de un Clásico en honor al Libertador y formalmente la propuesta llegó por intermedio de Julio de Armas, en su calidad de Presidente del Hipódromo Nacional, promulgando la creación del evento el 16 de Junio de ese año. La fecha de la carrera: el día de carreras más cercano al 28 de octubre, que es el Día de San Simón.

 

Fuera del mundo hípico, además de poeta, escritor, político, también fue Secretario de la Asociación Venezolana de Beisbol y designado Delegado en 1941, cuando nuestro equipo ganó el Campeonato Mundial Amateur, pero no pudo asistir por sus múltiples ocupaciones. Otro mérito fue que Don Enrique Acosta Clausel formó parte de la primera Junta Directiva de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional (LVBP) creada en 1945. La relevancia de Don Enrique en la sociedad venezolana es tal que en el año 1969 se le confirió la Condecoración de la "Orden Francisco de Miranda", en su segunda clase y el diciembre de 1978 fue distinguido con la condecoración de la “Orden Honor al Mérito Deportivo” en su primera clase por sus distinguidos servicios al Deporte Venezolano.

 

El Sr. Rafael Díaz Casanova nos comentó lo siguiente “Enrique Acosta Clausel fue una bellísima persona. Con la diferencia de edad, pues creo que era contemporáneo con mi padre, lo traté muy de cerca. Gracias, entre otros, a él, me desempeñé como "correo" primero y luego como "vendedor de mutuales" y "vendedor de tres juegos" en la Tribuna Presidencial del Hipódromo de El Paraíso y recuerdo perfectamente varios episodios del "tuerto" Acosta. Originalmente, cuando los conocí, vivían en Las Flores de Puente Hierro, donde también vivía Lucho  Villalba y los Pimentel (la familia del Jobo). Posteriormente se mudaron a una casa alquilada en la Avenida Nueve de Diciembre, perpendicular a la Avenida Páez. El Comandante Guillermo Pacanins le regaló, quizás el año 57, una casa en todo el frente del hipódromo, al lado de Radio Caracas y Ondas Populares. La nación se la confiscó pues no había tramitado en el Registro el cambio de propietario” “Otro gran recuerdo era se asistencia segura a la tribuna presidencial los días de carrera. El pagador de las apuestas, en aquellos años estudiante de medicina de apellido Brito, le abría una "cuenta de débitos" donde le acumulaba los regalos a los "tiramealgo" que se acercaban a las puertas de la tribuna. Ante la información que le daba alguno de los dos porteros de la tribuna, el "tuerto" le enviaba diez o veinte bolívares que se anotaban en esa cuenta y al final de la tarde, él pagaba

 

Don Enrique Acosta Clausel, un hombre extraordinario que brindo sus servicios al hipismo de la época romántica y dejó un legado de honestidad e integridad entre sus conocidos.

 

Fuentes: Revista Gaceta Hípica, Revista La Fusta, Sr. Rafael Díaz Casanova, Sr. Raúl Bustamante B., Sr. Gustavo Flamerich, Sr. Roque Yoris S., Sr. Roberto Martín M.

 

Anécdotas Hípicas Venezolanas, viernes 26 de junio de 2015

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