Anécdotas Hípicas Venezolanas presenta

Fernando Talavera

Por Juan Macedo

 

Larga historia turfística y también humanística la de Don Fernando Talavera. Nació el 14 de octubre de 1882 en Caracas y su amor al caballo puede decirse que nació con él, pues contaba apenas 13 años cuando se presentó y no una, sino varias veces, actuando como Gentleman Rider en las jornadas del Hipódromo de Sabana Grande y a partir de ese momento y siempre que el hipismo fue actividad en nuestro medio, la presencia e intervención de Don Fernando Talavera, era cosa descontada.

 

 

Jinete, aficionado, propietario, entrenador, que todo lo fue y con el mayor desinterés, Don Fernando Talavera entrenó ejemplares valiosos de sus amigos y obtuvo éxitos que perdurarán largo tiempo en la historia del turf, pues por sus conocimientos, preocupación y paciencia, puso a correr en forma descollante a ejemplares que, quienes se creían más capacitados, habían desechado por inservibles o poco menos, y sobretodo, que es lo que hay que destacar de su vida hípica fue generoso con todos los que le rodeaban y su sabiduría en el difícil arte de entrenar ejemplares, fue aplicada por muchos que escucharon y siguieron sus consejos.

 

En el Hipódromo Nacional de El Paraíso fue donde Don Fernando Talavera logró éxitos terminantes. Bajo su vigilancia y acuciosidad, fueron muchos los ejemplares por él presentados, algunos de su absoluta propiedad, otros del círculo de sus amigos íntimos, que lograron triunfos resonantes y así el famoso San Gabriel (más conocido por "pata e'palo"), Pandereta, El Tres -que él consideraba su número sortario- y como nota pintoresca, agreguemos que en sociedad con su contemporáneo, Don Celso Serna, fundó la Cochera 700, pero que los caraqueños conocieron siempre como la Cochera Talavera y se dio el caso de que algunos de los ejemplares de esa Cochera, que durante los días hábiles de la semana hacían el servicio de coche por carrera, entre otros Sultán, caballos adquiridos en el Llano y algunos, como el mencionado, que evidenciaban tener raza, ante la carencia o escasez de caballos para las reuniones dominicales, Don Fernando los descansaba el sábado del duro trajín del servicio de coches y el domingo a la pista, y así, se dio el caso con el nombrado Sultán, qué tras de ganar la primera, volvió a imponerse en la última.

 

Marisela, fue indudablemente la que le deparó más y más satisfacciones y emociones, pues de un animal endeble, a fuerza de paciencia y, aplicando sus métodos, que serían empíricos, pero eficaces, la convirtió en una auténtica campeona, imponiéndose en carreras inolvidables, también la no menos popular Tapatapa, hizo sus primeras armas en sus manos; Shirley Temple, Alajuela, Pandereta, El Tres, Kitchener, todos grandes ganadores, por cierto que con este ejemplar de los Hermanos Nery ganó el último clásico de su vida hípica, el Clásico del Ejército y poco después, ante lo que él consideró un fallo injusto, el distanciamiento de Bazarik, se retiró a su hogar para no volver al Hipódromo ni como espectador, caso y actitud similar a la del Sr. Albert H. Cipriani, al ser distanciada Tenterhooks del Clásico Presidente de la República.

 

Fue en diversas oportunidades integrante de las Juntas Directivas y Administradoras del Hipódromo Nacional y en un momento de verdadera crisis para las carreras, que parecían llamadas a desaparecer; integró una Junta Directiva, asumiendo la responsabilidad de ser su Administrador, con plenos poderes, lo que representaba una auténtica garantía para el reducido núcleo de hípicos que aún subsistían y que se habían empeñado para, que el espectáculo no luciera un mutis, que pudo ser definitivo.

 

Como amante del caballo lo era también del campo y así, fue propietario de la Hacienda El Ávila, que posteriormente vendió al Coronel José Murillo y este a su vez a Don Federico de la Madriz y Pastor, de ahí el nombre del Haras El Ávila. El 10 de mayo de 1953, después de la séptima carrera, se realizó un acto muy lúcido en honor a Don Fernando, el entusiasmo del público presente, los testimonio de cariño y la dedicación de los hípicos de siempre para el homenajeado, dieron matiz especial y transcendencia única a este sencillo pero elocuente acto. Al sonar las notas del clarín, se escuchó un aplauso estruendoso muestra de respeto y cariño hacía Don Fernando Talavera. 

 

Don Fernando Talavera falleció el 31 de agosto de 1954, y el sábado 4 de septiembre en el Hipódromo Nacional de El Paraíso se guardó un minuto de silencio en homenaje póstumo a su memoria,  ninguna mancha empañó su honesta actividad y así estamos obligados a honrar la memoria de este auténtico turfman, hombre modesto, sencillo en el trato, pero con un corazón de caballero y alma de autentico sportman. Su nombre quedó grabado con letras de oro en la tradición hípica venezolana.

 

Fuentes: Revista Gaceta Hípica, Revista La Fusta

 

Anécdotas Hípicas Venezolanas, jueves 23 de noviembre de 2006

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