Anécdotas Hípicas Venezolanas presenta

Manuel Azpúrua Alcántara

Por Juan Macedo

 

Uno de los homenajes más justos de los realizados hasta ahora en esta Sección de Personalidades del hipismo de nuestra página Anécdotas Hípicas Venezolanas es sobre uno de los personajes más multifacéticos del hipismo venezolano: Don Manuel María Azpúrua Alcántara. Sin menospreciar a personalidad alguna, este trabajo se ofrece a uno de los hípicos integrales de los todos los tiempos en Venezuela. Como propietario, criador y dirigente, lo fue todo y de manera sobresaliente, suficiente para merecer el título de Múltiple Hombre del Hipismo en el más amplio valor de su significado.

 

 

Don Manuel nació en La Victoria, Estado Aragua, el 2 de diciembre de 1893. Contrajo matrimonio con la distinguida dama Doña Carlota Sosa Michelena el 8 de diciembre de 1927 y de esa unió nacieron sus hijos Manuel (destacado entrenador), Teresa (que no podía escapar a la tradición familiar, pues contrajo matrimonio con el reconocido hípico Juan Antonio Maggiorini, hijo de otro notable hípico y criador Don Conrado Maggiorini), Leopoldo y Eduardo que han seguido con éxitos visibles las huellas de su progenitor.

 

Industrial progresista y original, adelantado en muchos años a sus colegas, sus actividades lo llevaron muy asiduamente a la Ciudad de Maracay, foco de hípicos y de donde debía resurgir después de un lustro de inactividad la reanudación de la fiesta turfística. Don Manuel no podía escapar al contagio del ambiente, y así en el año 1934, sus colores aparecieron en El Paraíso por primera vez por intermedio del ejemplar Guaremal, nombre que distinguía también a su Stud. Pero no iba a conformarse Don Manuel en un sorteo de ejemplares importados le correspondió dos animales de verdadero arraigo popular como fueron la inolvidable Tapatapa y la no menos popular Cricket y a poco incorporó a su Stud a dos sobresalientes productos criollos descendientes del gran Knockando, que fueron inscritos como Taparito, Arrollador y Alma Criolla, que en su campaña pistera dejaron clara constancia de la calidad que corría por sus venas.

 

Con el correr del tiempo desapareció el nombre del Sindicato Guaremal para dar paso al de su esposa Doña Carlota Sosa de Azpúrua, quien desde el primer instante (fiel compañera de su esposo) gozó y sufrió las alternativas que depara este gran deporte que, de inmediato, se convirtió en un hábito en El Paraíso. Su puntualidad era asombrosa en todas las jornadas y se convirtió en una figura popular por su simpatía y cordialidad.

 

 

El número de representantes del Stud iba en aumento y el entrenamiento de los mismos fue encomendado a prestigiosos entrenadores, aunque en ocasiones (cuando no desempeñaba cargos directivos dentro del hipismo) era el mismo Don Manuel el que asumía las difíciles labores del entrenamiento de purasangres.

 

Hizo adquisiciones valiosas y en este aspecto cabe mencionar a un gran ganador clásico: Robby, que le deparó grandes satisfacciones; así como Hijo Listo, Bacco, Torrente y Ladrillazo. La mayoría de sus pupilos figuran en la nómina clásica como ganadores destacados y posiblemente no hay ninguno de los eventos clásicos legendarios de nuestro hipismo en el cual no figuren los nombres de sus caballos, defendiendo los colores de Doña Carlota Sosa de Azpúrua.

 

 

Vinculado por sus actividades comerciales e hípicas, incorporó a este deporte a un buen número de amigos, instándolos a adquirir ejemplares, muchos de los cuales fueron excelentes corredores, con lo que difundió y contagió a muchos que en diversas ocasiones compitieron con sus pupilos y hasta fueron sus vencedores, sin que Don Manuel demostrara contrariedad o desilusión; por el contrario, era el primero en festejar y aplaudir a los adversarios que habían batido sus pupilos.

 

Como criador fundó en 1945 el Haras Shangri-La en recuerdo de la historia hípica de Oriente. Allí fueron procreados y criados ejemplares de calidad excepcional, cuyos nombres perduran en el historial de nuestra cría como Maraquero, El Ché, Chismosa, Malagueña y El Griego, y años después de su fallecimiento Blackie, Socopó y el Triplecoronado El Corsario.

 

 

Como Directivo, su nombre figuró en las Temporadas de 1937, 1939, 1946 Y 1949 como Vice-Presidente, Vocal y Tesorero, cargos estos que desempeñó en 1950 y en cuya labor y dedicación fue notable, pues a pesar de ser estos cargos honoríficos, su presencia era infaltable en las mañanas paradisíacas.

 

Miembro fundador de la Asociación Hípica de Propietarios, cuya labor contribuyó a mantener latente la afición, a pesar de que las circunstancias eran poco propicias, su nombre figuró también en la constitución de la Asociación de Propietarios cuando el Gobierno Nacional resolvió desentenderse totalmente de cuanto se relacionara con el hipismo en 1936; y a pesar de las adversidades que llamaba a la desaparición de la actividad, gracias a personas como Don Manuel se ha convertido en la actividad fuente de trabajo para millares de personas que se desenvuelven en ese ambiente, además de fomentar la cría y dar esparcimiento al público en general.

 

 

La muerte de Don Manuel se produjo el 2 de noviembre de 1957, cuando el Hipódromo La Rinconada comenzaba su construcción. Como verdadero hípico no pudo disfrutar ver inaugurada esta hermosa y monumental obra. La intervención de Don Manuel Azpúrua Alcántara en nuestro hipismo merece el honor que se le dispensa y mucho más, ya que su labor fue tan productiva que sus descendientes no han escapado a esa influencia que él les inspiró desde su infancia.

 

Fuentes: Diario El Nacional, Diario El Universal, Revista La Fusta, Revista Gaceta Hípica, Revista Hipódromo, www.azpuruastables.com, Sr. Antonio Tassitch, Sr. Gastón Savino.

 

Anécdotas Hípicas Venezolanas, jueves 10 de Agosto de 2006

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