Anécdotas Hípicas Venezolanas presenta

Rafael Rodríguez Navarro

Por Juan Macedo

 

Era costumbre que referirse al Dr. Rafael Rodríguez Navarro, lo primero que se recuerda es que fue Dos veces Presidente del Instituto Nacional de Hipódromos. Sucedió en dos etapas, precisamente las dos veces que fue presidente de la República su primo hermano, el Dr. Rafael Caldera. Pero detrás de esos títulos, realmente existió un hípico noble, de tal pasión por esta actividad que no solo se involucró en todas las facetas posibles en las que se puede participar en esta gran industria, como propietario, criador y gremialista, sino que fue capaz de hacerlo sin renunciar a su condición de turfista, de aficionado, de esos que fue siempre común verlo en las caballerizas un sábado en la mañana recopilando información, de sus tantos amigos, para hacer su cuadrito del 5y6, o realizar su jugada preferida, la superfecta.

 

 

El Dr. Rafael Rodríguez Navarro fue reconocido fuera del hipismo como Propietario y Fundador de C.A. Productos Ronava, una empresa que inició operaciones para la fabricación de Especialidades Farmacéuticas el 03 de Diciembre de 1953 en Caracas, ubicado específicamente entre la calle Mara y calle Capitolio, Urbanización Industrial El Marqués, Edificio Ronava.

 

 

 

Se considera que manejó el mejor Directorio que jamás haya conocido el hipismo venezolano como Presidente de aquel cuerpo colegiado en el primer gobierno de Caldera, puesto que obtuvo ya que era el Vicepresidente a la muerte del General Franz Rísquez Iribarren al mes y medio de posesionarse de la conducción hípica. Una calidad humana excepcional exhibió aquel hípico apasionado, integral, al asumir el liderazgo. Un Directorio que hizo, en 5 años, lo desconocido en pro del auge del elevage venezolano. Se construyó El Poliedro, inaugurado con la pelea Foreman-Norton por el título mundial Heavyweight, hecho sin precedentes en el deporte nativo.

 

Otra de las decisiones más trascendentales fue la eliminación de la importación, en beneficio de la cría nacional y la medida más significativa (que le costó el enfrentamiento a los sindicatos respectivos) fue la de imponer la automatización del 5 y 6, eliminando escribir los nombres de los animales en los formularios. Una turba exaltada, que se oponía a la progresista medida, intentó linchar a la Directiva, pero no llegó a mayores ya que los estudiantes que laboraban en los escrutinios, así como selladores y demás afines, fueron debidamente indemnizados; fue un triunfo enorme de aquel Directorio, obedeciendo a la evolución que imponen los tiempos.

 

Grandes espectáculos jamás vistos fueron obra de aquel Directorio como aquel de las jocketas Diane Crump, Mary Beacon, Robyn Smith, Bárbara Jo Rubin y a astros del turf norteamericano del prestigio de Braulio Baeza, Eddie Belmonte, Ángel Cordero, Walter Blum, Jorge Velásquez, Bob Ussery, Willie Hartack, Laffit Pincay Jr y los estelares europeos Ives Saint Martin y Lester Pigott. Incluye en sus méritos el Hall de la Fama, la Prima del Criador, siendo ese Directorio, también, el que construyó los Hipódromos de Santa Rita y Valencia. Y por casualidad, el de los momentos de mayor emoción que ha registrado el hipismo en Venezuela. Sí, las performance de Cañonero, en 1971, en el Kentucky Derby, Preakness Stakes y Belmont Stakes.

 

Fue un férreo defensor del hipismo guayanés y junto al Dr. Mateo Meo Pollino emprendió varios proyectos para consolidar la cría del purasangre de carreras en esta región al fundar el Haras Erre-Ene, uno de los más prestigiosos centros de cría del país, criadero donde han salido excelentes corredores, aparte de grandes éxitos clásicos como propietario. Pero el Dr. Rafael Rodríguez Navarro fue un hípico común, que consiguió trascender a otras facetas. Un hombre que vivió el hipismo venezolano desde todos sus ángulos y en todas sus etapas, y de todas formó parte. No hubo nada capaz de alejarlo de la arena de La Rinconada. No era necesario que corriera un ejemplar de su propiedad o criado en su Haras Erre Ene para verlo en una tarde de carreras. Y cada triunfo, aún en la carrera de menor jerarquía, se celebraba como si de un Clásico Grado 1 se tratase. El año 2007 fue homenajeado con un premio "Casquillo de Oro" que recibió en medio de efusivas muestras de cariño.

 

 

 

En los últimos 5 años su estado de salud había desmejorado, estaba disminuido físicamente y era afectado por anomalías comunes a su edad. No obstante, nunca se apartó del deporte hípico, era capaz de inyectar fervor y amor por el hipismo y por los caballos de carrera a otras personas. Su apego a los valores de hogar y familia y su brillante trayectoria profesional, hablan por sí solas de su calidad humana.

 

Quizá en la noche de ese viernes 11 de enero de 2008 se acostó a dormir plácidamente en su residencia ubicada en la Urbanización La Castellana en Caracas con la idea de asistir al hipódromo al despertar, sin saber que no volvería a ver un final cerrado ni un apasionante galope. Fue un hombre que a los 93 años dejó una gran huella, que será recordado como un hípico valioso, un hombre que amó al purasangre y que formó parte de la familia hípica venezolana dignificándola y aportando pasión. El domingo, un minuto de silencio y la victoria de su homebred Congelado, hijo de Santón, fue la despedida. Su Copa, que fue instituida en 1992, no ha dejado de correrse y esperemos que así sea al transcurrir el tiempo dentro del Hipismo Venezolano.

 

 

Fuentes: Sr. Jaime Casas, Ing. Enrique Salazar, Sr. Carlos Luis Giardinella, Sr. Omar Lares, Ing. José Tomás Tollinchi, Sr. Trino Pulido (foto), Diario Meridiano, Revista Hipódromo.

 

Anécdotas Hípicas Venezolanas, jueves 18 de septiembre de 2008

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