Anécdotas Hípicas Venezolanas presenta

Rafael Rugero Martín

Por Juan Macedo

 

Don Rafael Rugero Martín nació en Caracas en 1897. Contrajo enlace con la señori­ta Rosa Arriens Pacheco, y de ese matrimonio nacieron tres hijos que aún viven: Rafael, Enrique y Carlos. El nombre de Don Rafael se asoma cuando nuestro hipismo, después de una serie de vicisitudes y peripecias, estuvo a punto de desaparecer en 1936, cuando el Poder Ejecutivo manifestó en forma clara y terminante que no proseguirla subsidiando la actividad hípica que ya estaba en grave crisis. Pues bien, en ese momento, surgió la decisión y el dinamismo de Don Rafael Rugero Martín y con su elo­cuencia, y sobre todo, con su ejemplo, movilizó a un grupo de hípicos dispuestos a que el turf perdurara en nuestro medio.

 

No había recursos. Eran pocos los ejemplares con los que podían realizarse carreras, pero Don Rafael Rugero salvó inconvenientes y con perseverancia consi­guió fondos, obtuvo créditos y, sin asignación oficial, puso en marcha lo que se llamó Asociación Hípica Ve­nezolana que se constituyó al pié de un árbol que existía en el Paddock de El Paraíso, reunión a la que asistieron nueve propietarios que de inmediato aporta­ron un total de Bs. 4.000,00 en calidad de préstamo y sin garantía.

 

Había que esperar para su recuperación, que respondiera el público. Don Rafael Rugero obtu­vo, además, varios créditos que sumaban alrededor de Bs. 5.000,00, y así, el 15 de noviembre de 1936 se reini­ciaban las actividades de ese gran deporte.

 

Otro importante logro de Don Rafael Rugero fue la colaboración desinteresada de un núcleo de presti­giosos y autorizados hípicos, para desempeñar los cargos más importantes dentro del mecanismo y la regla­mentación de las carreras. En esa ocasión se designó a Don Rafael Rugero para que en su carácter de Secretario-Administrador, firmara el contrato con el Ministerio de Agricultura para utilizar el Hipódromo de El Paraíso, y como material equino, (es ne­cesario dejar constancia de este detalle para calibrar la responsabilidad que asumió la flamante entidad) se contaba con 64 ejemplares importados y una veintena de nacidos en el país y no todos en condiciones de in­tervenir en pruebas públicas. Pero el que persevera alcanza, y fue así como, a través de créditos avalados por sus compañeros directivos, incrementó el número de ejem­plares foráneos para encarrilar definitivamente el turf en nuestro medio.

 

Pero antes de esa fecha, Don Rafael Rugero ha­bía actuado, en forma descollante como Gentleman­ Rider, para que luego lo hiciera como Entrenador y Propietario en la Temporada 1932-33 y por cierto que fue él quien inició en la carrera de jinete a ese extraor­dinario látigo llamado Perfecto Antonio Chapellín, uno de los más correctos y honestos profesionales de todos los tiempos, quien a los 14 años de edad,  al poco de comenzar a conducir pura sangre, se convirtió en una verdadera estrella. Y cabe decir que Don Rafael Rugero, como preparador intuitivo -sólo su afición desmedi­da lo llevó a esta difícil actividad- logró destacarse en forma notoria con ejemplares cuyos nombres re­cuerdan con cariño hípicos de antigua data, tales co­mo Chicanan, Clarín, Cóndor, Caldereta, Garzón Royal, Junín, Mit-Su-Ko y otros con los cuales dejó constancia de que conocía la nada fácil labor de entrenar caballos de carrera.

 

Don Rafael Rugero tiene en el historial hípico el honor de haber desempeñado todos los cargos que ca­ben en la nómina; fue Directivo, Comisario, Juez de Salida, y en momentos que no había remuneración, y si la había, era irrisoria, pero su afición era la que mo­torizaba sus actuaciones dentro del deporte y su ma­yor galardón en el de haber sido el que propició la pri­mera entidad patronal.

 

Don Rafael Rugero Martín falleció en 1948, mul­tifacético hípico quien laboró con decisión y entusiasmo en pro del gran deporte, que estuvo a punto de desaparecer.

 

Fuentes: Revista Gaceta Hípica, Diario El Nacional, Revista La Fusta.

 

Anécdotas Hípicas Venezolanas, jueves 06 de diciembre de 2007

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