Anécdotas Hípicas Venezolanas presenta

Lester Piggott

Campeón de los jinetes británicos

Editado por Juan Macedo

 

Cuando en 1948, a la edad de trece años, Lester Keith Piggott, montó su primer ganador, asombró a todos por la firmeza de tus gestos, la serenidad en la conducción del animal y por dos o tres indiscreciones de novato que cometió. A pesar de su estatura de 1,73 metros.

 

 

De esa tarde hasta el final de su carrera profesional Lester sobresalió con brillo fulgurante, siendo aclamado como jinete campeón en las temporadas 1960, 1964, 1965, 1966, 1967, 1968, 1969, 1970, 1971, 1981 y 1982. Además de Gran Bretaña, ganó importantes carreras en Francia, Alemania, Irlanda, Italia, Singapur, Eslovaquia, Estados Unidos y Canadá.

 

¿Y cómo es si se puede saber, este fenómeno que se llama Lester Piggott? Veamos. Posee, según cuentan sus amigos, un gran sentido del humor y gusta de explicar entre sus amistades -para que corran la voz indudablemente- de que es duro a la hora de sacarle la plata. Públicamente y como cuestión sistemática Lester rechaza contribución para regalos, obras de caridad, donativos, a sabiendas de que le van a criticar y ridiculizar. Se diría que Piggott goza con la maledicencia y los chismes que tejen los demás.

 

Cuentan que una vez le preguntaron al jinete campeón qué opinión tenía de los tontos y él respondió alegremente: “no los tolero, sencillamente”. Pero si se trata de un reportero imbécil -y miren que abundan en todas las latitudes- entonces Lester Piggott lo que descarga es bilis: “a esa gente no les pagan para que hagan preguntas idiotas”.

 

Nació el 5 de noviembre de 1935 en Wantage, Berkshire, Gran Bretaña. Hijo de Keith Piggott, un preparador del montón, el muchacho vivió y soñó con los caballos. Lester Piggott tuvo tendencia a engordar, pero siempre fue disciplinado con ejercicios de rigor y una dieta a veces peligrosa. Después de los traqueos, Lester engulle una rebanada de pan tostado y una taza de té sin azúcar. Y cada vez que siente hambre -que son muchas en el día- entonces enciende un tabaco y lee. La cena es muy frugal, consistente en legumbres, pan y té.

 

Los críticos siempre han opinado que Piggott es una cosa cuando se dirige a cumplir su trabajo, y otra, una vez encaramado sobre el caballo. Entonces por su mente solamente cruza el pensamiento y el deseo de ganar. Y en plena carrera, cuando se sale de la línea, parece que invariablemente, se le coge en la falla y esta circunstancia da lugar a que sus contendientes recurran a expedientes ocultos para perjudicarlo. Pero el jinete sabe que se mueve en un mundo de intriguillas y de solapadas rencillas y destruye cualquier combinación venenosa con sus repetidos y admirables triunfos.

 

Lester Piggott no fue un angelito bajado del cielo. Tiene defectos como persona, a veces habla más de la cuenta y no tolera a los imbéciles. Pero ganó. Y en hipismo, como en las demás actividades de la vida, ganar es lo que cuenta.

 

Fuentes: extraído de la Revista Turf

 

Anécdotas Hípicas Venezolanas, sábado 17 de diciembre de 2016

Copyright 2000, Anécdotas Hípicas Venezolanas C.A. Todos los derechos reservados