Anécdotas Hípicas Venezolanas presenta

Yeguas criollas en la reproducción

Por Reinaldo García Iturbe

 

La consagración de Prófugo como el mejor representante de la generación nativa nacida en 1961 ha dado actualidad al tema de los merecimientos de las yeguas nacidas en el pais dentro del conjunto de los vientres activos en nuestro elevage, toda vez que aquel desciende de Promesa, hija de El Hornero.

 

El caso de Prófugo no es aislado: entre sus coterráneos se han destacado de igual manera los purasangres Guaireño, Sene King y Safe, hijos respectivamente de las nativas Thalae, Albissola II y Estrellita. En los últimos años también se han hecho notar como buenas reproductoras las criollas Ranchera (Rayo e’ Luna y Relicario), Yajaira (Crillón y Doble Cinco), Combina (Valentón y Partner), Gradina (Danae), Fetiche (Rey Mago, Talismán y Rey Sol), Santa Palabra (Saint War), La Gitana (Hy Gypsy) y la misma Promesa (Protón).

 

La anterior nos ha movido a intentar una valoración del comportamiento de las yeguas criollas en la cría. Dejando a un lado otros factores, hemos recurrido para ello a la comparación del rendimiento en la pista de los hijos de madres nativas con aquellos de los productos de yeguas importadas. La investigación hubo de circunscribirse a las temporadas 1962 y 1963, pues sólo para dichos años se tienen a la mano estadísticas completas de fácil utilización, como son las compiladas por el Sr. Carlos Bujanda de la Asociación Venezolana de Criadores de Caballos Purasangre de Carreras (ACRICA).

 

En primer término, las yeguas madres representadas en cada uno de esos años se clasificaron de acuerdo a su país de origen, y luego se calculó para cada uno de los grupos así obtenidos el índice de carreras de sus productos activos, único método que permite la comparación justa y objetiva deseada. El índice de  carreras para un año cualquiera de un grupo de "n" ejemplares se obtiene dividiendo la totalidad de sus ganancias en metálico entre ''n'' veces la ganancia promedio por ejemplar (Bs. 20.376,74 en 1962 y Bs. 21.900 en 1963).

 

J. A. Estés, uno de los norteamericanos más preocupados por el estudio de los problemas de la cría de caballos de carrera, ha dicho que, en hipismo, cualquiera cosa que suceda dos veces adquiere carácter de norma.

 

Si de un padrillo cualquiera salen dos grandes corredores, ya hay una razón para que se le considere infalible. Si de dos o más yeguas no corridas nacen animales excepcionales, ya está la razón para que las mejores yeguas de cría sean precisamente las que no han corrido.

 

Ocurre que los criadores de caballos de carrera darían tanto como cuanto invierten criando, porque les dictan normas que les haga más fácil su labor.

 

Desde los remotos comienzos de la cría del purasangre se están inventando teorías. Una simple sugerencia, una observación más o menos coincidente con el éxito y algunos conceptos son sonoridad de cosa cierta, bastan para que, yendo de boca en boca, se conviertan en teoría. Y más grande y más geniales serán mientras la práctica no haya demostrado que no tienen base alguna.

 

Algunas de esas teorías han sido inofensivas. Otras no. Unas se han olvidado. Otras perduran bíblicamente aunque no tienen base científica alguna. Una de esas teorías es la de “Hay que darle un descanso a la yegua”.

 

Parece probado que si las yeguas fueran servidas con un año de intervalo, darían siempre animales maravillosos. Los mejores animales de 1963 en Europa nacieron de yeguas que en su año anterior resultaron estériles.

 

Relko, el ganador del Derby, es hijo de una yegua con receso en su año anterior. Only For Life, nació de una yegua con receso el año anterior debido a un parto de morochos. Ninguna de esas yeguas estuvo amamantando potrillos mientras tuvieron a tales cracks en sus vientres.

 

Parece probable que una yegua en esas condiciones da toda cuanto de sí tiene y produce mejores caballos de carrera. Lo malo es que si se criara así la población equina se reduciría a la mitad y costaría el doble de lo que cuesta hoy. Pero parece probable también que se obtendrían mejores caballos.

 

Aunque sea una coincidencia, lo cierto es que ciertos hechos prueban que si salen mejores caballos en yeguas con un año previo de reposo, no amamantando mientras tienen producto en vientre.

 

En Inglaterra se han hecho largos estudios sobre el asunto. Uno de ellos llevó a tomar a los 166 ganadores clásicos de un período de 40 años como es el de 1923 a 1963. Se probó que 64 ganadores clásicos de ese período fueron obtenidos en yeguas de receso y 42 ganadores lo fueron en yeguas que estuvieron estériles el año anterior. Es decir que 106 ganadores clásicos nacieron de yeguas que por una razón o por otra no estaban amamantando mientras tenían a su producto en el vientre.

 

Entre los productos obtenidos en esas circunstancias tenemos a Hyperion, Bahram, Fairway, Solario, Colorado, Dante, Pinza, Bois Roussel, Ballymoss, Alcide, Book Law, Quashed, Coronach, Windsor Lad y Djebel. Agreguemos que de yeguas primerizas nacieron doce ganadores clásicos entre los cuales destacamos a Mahmoud, Tulyar, Bella Paola y Never Too Late. Es una coincidencia digna de atención.

 

Lo importante no está en si la yegua estéril en su año anterior o la yegua primeriza, pueden producir un buen ganador o un crack, sino en establecer si el método del receso ofrece seguras y mejores perspectivas que la yegua servida con un potrillo al pié.

 

A tal efecto se han hecho nuevos y exhaustivos estudios, muy estadísticos, muy matemáticos, que obligan a mantener abierta la discusión sobre el problema.

 

Se obtuvo, sin embargo, este resultado: El record de los caballos nacidos de yeguas en receso es de 68 por ciento de efectividad mientras eI de los nacidos sin esa condición, es de 69 por ciento, no se ha probado que el nacido de la yegua en receso sea estadísticamente superior.

 

Los hechos estadísticos no prueban, pues, que haya razón para acoger la teoría de “Hay que darle un descanso a la yegua”. Una gran procreadora, en materia de caballos de carrera, es la excepción y no la regla.

 

Fijémonos en esto. De 198 yeguas examinadas, sólo cuatro de ellas estuvieron pariendo ininterrumpidamente sin perder un solo año. El record lo tiene Gadabout, que tuvo 17 hijos consecutivos en otros tantos años en el haras. De ellos sólo nueve resultaron productos vivos. El mejor porcentaje lo tiene esa gran yegua llamada Trustful, que dio 14 hijos vivos en sucesión.

 

Si un criador, aunque los casos anteriores son la excepción, redujera por teorizar, a la mitad la capacidad procreadora de esa yegua, estaría cometiendo una barbaridad.

 

En su condición selvática, la yegua no tiene reposo, Normalmente, caballo y yegua se buscan en su debido tiempo. Se dirá que en el purasangre es distinto porque se trata de un sujeto artificial. Pero no es menos cierto que con toda su artificialidad, está regido por la naturaleza y no podemos alterar leyes de ésta.

 

Es probable que el descanso beneficie a las yeguas o a determinadas yeguas. Pero no está científicamente probado que esa teoría sea tan eficaz que pueda aceptarse como un principio de la cría del caballo de carrera.

 

Fuentes: extraído de la Revista Turf (junio de 1964)

 

Anécdotas Hípicas Venezolanas, sábado 29 de julio de 2017

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